El Relato del Campeón Dorado

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El Relato del Campeón Dorado

Mensaje por AlanzerDNA el Dom Jul 08, 2012 2:58 am

La historia que van a leer a continuación trata sobre un relato narrado por Quaser el Mortal, hijo del susodicho campeón. Disfruten la lectura y recreen estos acontecimientos ficticios en su imaginación.
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Serkann, el Campeón Dorado

Mi padre. Siempre le he recordado, y siempre le recordaré.
Tengo buenos recuerdos de ese gran campeón al que llamaba "papá"...

Cuando yo no era más que un crío, Serkann solía contarme a menudo viejas historias, mitos y leyendas, todas ellas de tiempos pasados. La mayoría del tiempo conocido como La Era de La Sangre. Según contaban estas historias, un gran caos había sido desatado entre nosotros, los anlatios. Los kardianos habían invadido nuestro reino, y por si no fuera poco, los demonios deambulaban libremente por nuestras tierras, haciendo que la muerte y el miedo estuvieran servidos a la orden del día.
Normalmente estas historias estaban centradas en antiguos héroes anlatios. Svenkirghan el Grande, Lord Overönn el Implacable... y la mayor heroína de todos ellos: la Primera Reina de la Raza, Rakk-Ta Vradean, quien finalmente puso fin a la Primera Gran Guerra Kardiana y nos unificó a todos. Siempre adoré esas historias al mismo tiempo que siempre supe que muchas de ellas no eran reales. Mi padre siempre tenía una una nueva buena historia que contarme cada vez que la pedía. Nunca estuve seguro de si se inventaba algunas de ellas, pero nunca dejaron de impresionarme.

Solo había una cosa que no me gustaba de él.
Los Torneos del Oro. Las peleas a las que él solía asistir para mantener su título: Serkann el Campeón Dorado, el guerrero imparable que nunca había sido derrotado. Bueno, fue vencido una vez, por su hermana pequeña, mi tía Ly-Käh. Se enfadó tanto por el resultado de aquel combate "amistoso"... Intenté no reirme por si acaso, pero hay que admitir que mi padre hizo el ridículo ese día.
Hmm... Me he desviado del tema ligeramente. Lo que no me gustaba de él era que me dejara solo a cada momento cada vez que tenía que atender "un asunto importante". Sí... Estar completamente sólo siendo un niño es duro. Madre nunca estuvo conmigo, nunca llegué a conocerla ya que murió el día de mi nacimiento. Padre me contó muchas historias, pero nunca me contó cómo era ella, la mujer que me trajo al mundo.
"¿A quién le importa su estúpido título?" Solía decirme a mi mismo. Claramente, a mi nunca me importó. Pero tío Jiokann y tía Ly-Käh siempre lo hicieron por alguna razón. Siempre al lado de mi padre y no al mio.

Pero la memoria más triste que guardo sobre él es otra diferente.
Recuerdo la noche en la que murió. La misma noche en la que mi tío murió junto a él. La misma noche que también incluyó la desaparición de mi tía. Podía haber sido la noche más oscura si no hubiera sido por las muchas antorchas que iluminaban las calles de Nirftÿl-Ty, la aldea fortificada donde nací. No habían pasado más de dos años desde que se anunció por todo el Reino de La Raza el comienzo de la nueva Guerra Kardiana. Y allí estaban, justo afuera de la ciudad. Parecía un grupo de exploradores enemigos. Mi padre, tío Jiokann y otros camaradas guerreros salieron para "enseñarles una buena lección", como el Campeón dijo. Únicamente cinco kardianos armados estaban allí, y con rapidez fueron masacrados. "¡Qué fácil!" Dijo mi tío mientras limpiaba la sangre que bañaba el filo de su espada. Exacto. Demasiado fácil: era una trampa.
Docenas de kardianos salieron de sus escondites, revelando sus posiciones y las nuevas y extrañas armas amenazadoras que portaban, las cuales, súbitamente, con un sonido de tormenta, vomitaron fuego y metal. Fue como una ejecución. Cuando los pedazos de metal perforaron la piel y la carne de los guerreros anlatios, sólo cinco de ocho sobrevivieron a tal devastador ataque. Jiokann cayó de espaldas contra el muro de piedra, manchándolo inmediatamente con su sangre. Mientrastanto, sus compañeros sufrieron consecuencias muy parecidas. Serkann cayó sobre el lado derecho de su cuerpo contra el suelo. Intentó protegerse de las mortíferas balas cubriéndose con Sadetniär, sin conseguir un buen resultado... Otra mujer estaba gravemente herida, pero aun viva... hasta que una letal lanza atravesó su cuerpo de lado a lado. Las puertas de la ciudad se abrieron, y tía Ly-Käh entre otros corrieron al exterior para rescatar a sus hermanos, pero ya era muy tarde para mi tío: otra lanza kardiana destrozó su cráneo violentamente cuando su afilada punta metálica impactó en él. Solo quedaba mi padre por aquel entonces, así que le arrastraron a través del portón entreabierto mientras que su hermana decidió enfrentarse al enemigo a solas, para darnos al resto de nosotros algo de tiempo. Aún recuerdo su confiada sonrisa y el brillo de sus ojos dorados cuando me miró, antes de que las puertas se cerraran por completo ante mí.
Caminé hacia mi padre. Estaba seriamente herido y los médicos intentaban curarle. No pasó mucho rato hasta que se dieron cuenta de que ya no podían hacer nada. Nos dejaron solos para que yo pudiera decirle adiós al formidable Campeón Dorado. El ornamento circular de oro que siempre llevaba estaba entonces partido a la mitad, pero seguía estando sobre su ensangrentada frente. Solía representar un símbolo de sus incontables victorias. Esos malditos tiradores kardianos lo transformaron en un símbolo de su derrota definitiva.
Serkann hizo uso de sus fuerzas restantes y levantó su gran espada para dármela. Su peso en mis manos era demasiado para mí en aquellos momentos: yo solo era un chaval. Acto seguido, se arrancó el collar de oro y lo presionó contra mi pecho a medida que tomó aire con dificultad para articular sus últimas palabras: "Véngame... hijo." Consiguió decir justo antes de que su verde mirada se congelara observando el infinito, con un aspecto cansado en su rostro, y absolutamente inmóvil.

Así murió mi padre, el Campeón Dorado.
Me sentí destrozado por dentro. Tan devastado que ni siquiera recuerdo quién me sacó de Nirftÿl-Ty. La ciudad estaba bajo asedio, así que unos pocos adultos se llevaron a los niños lejos del lugar para protegernos, mientras que los más valientes permanecieron allí, con la atenta mirada de la muerte sobre ellos.
Supongo que tía Ly-Käh murió por igual esa fatídica noche, nunca la volví a ver.

La soledad terminó por convertirse en mi única compañera.

Memorias de Quaser: Serkann. By Alanzer-DNA
Gracias por leer.



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Re: El Relato del Campeón Dorado

Mensaje por Ayoria el Lun Jul 09, 2012 3:51 pm

Muy buen relato sobre los recuerdos de un hijo sobre su padre.

La verdad, es que la forma de relatarlo te adentra en sus recuerdos casi al instante y con tanto detallismo que no te puedes dejar ni un hueco vacío en la imaginación, bueno sí, las caras de los personajes pero viendo como son los anlatios te puedes hacer una ligera idea, pero por lo demás muy bien detallado todo.

Me ha gustado y me alegro de que hayas vuelto a poner algún relato, la verdad esque últimamente los únicos relatos que se ponen son los de Katiana (que me encantan) y los mios (que son... bueno... algo por poner... XD).

Espero leer más de tus relatos dentro de poco.



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