EL FIN DEL ORIGEN - 1ª ENTREGA

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EL FIN DEL ORIGEN - 1ª ENTREGA

Mensaje por AlanzerDNA el Vie Mar 09, 2012 11:06 pm

ATENCIÓN: Lo que van a leer a continuación lo considero mi mayor obra escrita hasta ahora, ya que estoy poniendo todo mi empeño para que acabe siendo una gran novela. Si van a empezar a leer les ruego que por favor se pongan cómodos y disfruten de la lectura, es todo lo que pido.
Por ahora posteo el PROLOGO y el CAPÍTULO I. Aun falta introducir algo más de material en algunos puntos, pero va bien.
Más adelante añadiré el CAPÍTULO II, cuando haya trabajado un poco más en él.

~ PRÓLOGO ~

La Guerra y el Principio del Fin


El tiempo pasa para todos por igual, es imparable, nunca se detiene para nadie.
El tiempo. A Anlat se le estaba agotando.

Durante miles de millones de años, el planeta de origen de los anlatii había gravitado pacíficamente por el espacio alrededor de su sol.
La amenaza surgió repentinamente. Tan negra como el vacío del espacio. Una gigantesca, enorme y oscura masa de metal y luces que llenaba los cielos de Anlat.

En ese momento, estaba teniendo lugar en la superficie del planeta una violenta disputa:
Humanos, anlatiis y kardianos se enfrentaban sin descanso en una lucha por el dominio del mundo. Anlat. Esta gran guerra ya se había cobrado cientos de miles de víctimas, tanto guerreros como gente indefensa.
Otra batalla iba a tener lugar. La más grande. La definitiva. El campo de batalla era un gran valle, con un río que cruzaba el centro del paisaje. Kardianos y anlatiis, las dos razas que evolucionaron en Anlat, las cuales habían sido eternos enemigos, habían llegado a formar una alianza para expulsar a los humanos invasores del planeta de una vez por todas.
Anlatiis y kardianos se preparaban para defender su planeta de origen al suroeste del lugar. Superaban en número al ejército de guerreros humanos, esto se notaba a simple vista.
Por otra parte, los humanos, preparados para el momento al noreste del valle, tenían armas mucho más avanzadas tecnológicamente y por lo tanto, más dañinas y destructivas.
Los ejércitos comenzaron su avance lentamente hacia el centro del valle, donde teñirían el río con la sangre de sus enemigos. Empezaron a aligerar el paso, ya se oían los gritos de guerra desde las filas que se encontraban al frente de cada ejército. Serían los primeros en derramar sangre, tanto la suya propia como la de los contrincantes. Se iba a producir el violento choque, y las armas de fuego ya resonaban en las montañas.
Fue entonces cuando ocurrió:
Un ruido ensordecedor y una vibración igual de potente sacudió la tierra. Los guerreros caían al suelo, y no era por sus heridas. Las armas de fuego dejaron de disparar. Era como si la batalla se hubiera quedado en pausa. Todos miraron con asombro y terror hacia el lugar de donde la onda expansiva surgió. El cielo. Todo se había oscurecido, la noche había llegado de pronto, pero no de forma natural.
El sol ya no era visible. Una gigantesca masa de aspecto metálico llenaba el azul del cielo y lo sustituía con su carencia de color. Era completamente negro, y era de unas dimensiones monstruosas. Las nubes quedaban ridiculizadas a su lado, mientras se apartaban dejando paso a la gran estructura.
Los combatientes habían enmudecido y miraban fijamente a lo que había convertido el día en noche. Continuar la lucha en esos instantes no tendría sentido alguno.
En el objeto extraño del cielo, se insinuaba un espacioso agujero que parecía ir al corazón del monstruo metálico. De ahí surgió el primer golpe fatal que condenó a todo Anlat:
Sin previo aviso, un rayo de calor súper-concentrado descendió desde los laterales de la apertura que no parecía tener fondo. El impacto se produjo justo en el centro del valle, dando lugar a la muerte instantánea de todos los que ya habían llegado hasta ese punto. El rayo de calor había agujereado la superficie del planeta. Los demás perecieron cuando un segundo rayo sacudió el planeta entero y calcinó el valle por completo.


~ CAPÍTULO I ~

El Eco del Salvador


Su cuarto estaba cubierto por la penumbra. La única iluminación del lugar se encontraba en el suelo, y su mortecina luz azul iluminaba vagamente una de las esquinas de la habitación. Sobre la cama deshecha, Sikte intentaba conciliar el sueño. El cansancio y la desesperanza se veían en su rostro a simple vista. Todo a su alrededor estaba fuera de su lugar, una amplia variedad de objetos, que agolpados en pequeños montones como si fuesen basura, poblaban la estancia.
Ya habían pasado seis largos días con sus noches desde que el suelo empezó a sacudirse a cada momento.
-¿A caso es el fin para todos nosotros...?-Dijo Sikte para sí mismo. Inspiró profundamente y tras un largo suspiro se incorporó sobre la cama apoyando su codo izquierdo sobre su rodilla izquierda. Su pelo, antes siempre claro como el blanco mármol, ahora estaba graso y anudado. Se sentó en el borde de la cama y miró a su alrededor: Libros, ropa sucia, platos de comida sin limpiar...
-Menudo desastre... No me puedo creer que vaya a morir rodeado de mierda-Guardó silencio unos instantes, pensativo-Será mejor que vaya a ver a los demás, necesito oír una voz que no salga de mi propia boca por una vez.
Abrió la puerta de su casa para salir al exterior, cuando fue a poner un pie fuera de su vivienda, miró hacia delante y se encontró con otro anlatio ataviado con una elegante túnica roja y blanca.
-Ya puedes dejar de perder el tiempo-Inquirió el individuo secamente-Hay algo para ti que tienes que ver.
-¡Nessurd!-Respondió Sikte con sorpresa-¿Desde cuándo repartes noticias misteriosas y repentinas a domicilio?
Nessurd hizo una mueca de desagrado y le dio la espalda a su descendiente-Sólo sígueme, ahórrate las preguntas. Esto es importante-Nada más decir esto, empezó a caminar hacia el templo que descansaba solemnemente en la parte alta de la ciudad, no muy lejos del hogar de Sikte. El subsuelo se revolvía bajo sus pies, como venía ocurriendo desde que tuvo el lugar el incidente del Valle de la Batalla Definitiva.
Sikte podía percibir un cambio en la mirada de su bisabuelo Nessurd. Era diferente, no era la misma mirada con la que le vio hace dos días mientras hablaba con la gente del lugar a cerca de la catástrofe. Parecía que después de todo había esperanza.
Pasados unos diez minutos, ambos se encontraban ante el templo. Las antiguas columnas oscurecidas con el paso imperdonable del tiempo y las condiciones climatológicas se levantaban desde la base de la estructura sosteniendo el techo de la entrada del edificio. Las puertas abiertas esperaban el paso del Alto Sacerdote Nessurd y su joven familiar.
-¿Debería arreglarme un poco antes de entrar en un lugar tan sagrado?-Preguntó Sikte con un tono de preocupación en su voz-Siempre me han dado mala espina sitios como este-Añadió.
-No hay tiempo. Para empezar me sorprende que no te hayas puesto guapo por si de pronto con uno de los temblores te partes una uña y falleces...
-Vale, hoy estás criticón, mejor me callo-Respondió Sikte ofendido mientras se cruzaba de brazos.
Sikte entró en el templo siguiendo los pasos de Nessurd. En el interior había un silencio sepulcral, el cual solo llegaba a romperse por el sonido de los pasos de estos sobre el frío suelo empedrado y el silbido del viento que se arremolinaba en la entrada. Seis antorchas iluminaban la primera sala, que poseía dos escaleras curvadas que llevaban a una segunda estancia más elevada. Unas largas cortinas rojas y rasgadas eran sacudidas por las ráfagas del viento. Con cada pequeño terremoto, unas cuantas piedrecillas caían de la parte superior junto a una nube de polvo.
Un escalofrío recorrió la espalda de Sikte. Fue a abrir la boca para decir algo, pero Nessurd le cortó con solo mirarle por dos segundos. El templo le recordaba a las historias que su padre solía contarle a cerca de los antiguos Dioses de Anlat, los originales dueños del planeta. Todas esas historias se perdían entre la mitología y las leyendas, que a su vez estaban mezclados con hechos históricos. Las antiguas escrituras hablaban sobre un pasado borroso y confuso. Sikte no creía en estas cosas, pero siempre le habían sobrecogido. Nessurd ya había subido las escaleras y le esperaba en el umbral hacia la próxima sala. -Es aquí. Date prisa, cada segundo cuenta-Indicó el Alto Sacerdote mirándole fijamente.
Sikte pasó a través del arco junto a Nessurd. Este cuarto era el doble de grande que el anterior. Tenía más antorchas y las cortinas estaban en mejores condiciones. En el suelo de piedra estaba una preciosa alfombra de colores cálidos. Pero había algo fuera de lugar en la sala que a Sikte le llamó la atención en seguida. Levantó las cejas en gesto de sorpresa y se acercó poco a poco. Era un objeto rectangular que sobresalía de una ranura a través del suelo pétreo. Era una pantalla con un aspecto chocantemente moderno.
-¡Nessurd...!-Empezó a decir el joven-¿Cuándo has instalado esto aquí? Se supone que no sabes nada de electrónica.
-¡Pues claro que no sé nada!-Exclamó el otro-Yo no he sido el artífice de esta locura, además, esto no es todo, cierra esa bocaza y mira y escucha atentamente-El sacerdote se acercó a la pantalla y pulsó un botón azul hallado en la parte superior de la máquina.
-Me sorprende que sepas...
-¿Qué te he dicho de callarte? ¡Esto es de suma importancia!
El artefacto emitió un sonido agudo y de pronto la pantalla se iluminó. Al principio solo se apreciaba lluvia e interferencias, que lentamente se fueron disipando. El monitor dejó ver el rostro familiar de otro anlatio. Ojos grises, pelo liso y abundante... de color blanco, pero con las puntas negras. Este se encontraba mirando hacia abajo con un aspecto triste. Segundos después miró de frente.
-¡Padre!-Gritó Sikte extendiendo la mano hacia la pantalla. Nessurd le indicó que guardara silencio con un gesto.
El padre de Sikte empezó a hablar:
-Saludos...-Parecía dubitativo sobre lo que iba a decir-Soy Sikte II Seirvel Kugann, hijo de Korno y Arllea. Este mensaje va dirigido a mi hijo Sikte III. Por favor, si no eres mi hijo, es de vital importancia que le hagas saber de esto. Repito, su nombre es Sikte III Seirvel Harsen. Si estás viendo este mensaje, es porque el final de nuestra tierra está cerca. No hay mucho tiempo, así que seré rápido. Antes que nada acabaré con tu preocupación: ni tú ni nadie va a morir irremediablemente en la destrucción de Anlat... hay una salvación. Me imagino que ahora que ves esto habrán transcurrido décadas... construí diez enormes naves espaciales que podrán sacarles del planeta. En cada nave hay una capacidad de hasta 125,000 pasajeros... confío en que al menos la guerra no haya acabado con muchos de los nuestros. Sikte, hijo mío, esto es lo que tienes que hacer-La pantalla mostró una imagen que presentaba un mapa de Anlat, del territorio anlatio en concreto. Diez puntos brillaban en diferentes posiciones del plano-Atento a los puntos que aparecen en este mapa, son diez, y muestran la ubicación de cada una de las Naves Éxodo. Están ocultas, pero no te alarmes, hay señales especiales preparadas para ti para que sepas cómo encontrarlas, no te será difícil.
-Sikte hijo memorizaba fotográficamente el mapa mostrado en la pantalla. Nessurd guardaba silencio a un lado. La grabación seguía reproduciéndose-Tu misión es poner a punto esas grandes máquinas y asegurarte de que estén listas para embarcar. Reúne a todos los que puedas, hijo, salva a todo el mundo, aunque vayan apretados, no morirán aquí. Ya no estoy contigo, pero juntos vamos a conseguir esto-Hizo una breve pausa y miró hacia su lado derecho. Después miró hacia delante de nuevo mostrando una sonrisa mientras una lágrima recorría una de sus mejillas-Te quiero, pequeño... ojalá pudiera estar a tu lado-Se secó las lágrimas y después se rascó la barba por un momento-Sé que parezco preocupado, pero confío en ti. Estoy haciéndote perder el tiempo, así que sólo te diré una cosa más: ¡Mueve el culo de una vez, el mundo no se salvará solo!-Acabado su mensaje, se ve como Sikte II se levanta conteniendo sus lágrimas y termina la grabación.
El silencio volvía a reinar en el templo. Nessurd miraba a través de una ventana mientras Sikte miraba el monitor temblando. Ansioso. -Hay mucho que hacer pequeño.
Sikte no respondía.
-Ya puedes empezar a moverte, ya has oído a mi nieto. A tu padre. Cuanto antes empecemos mejor.
-Papá...-Sikte apretó los puños-¿Por qué tuviste que abandonarme? ¿¡Por qué!?-Dijo lleno de rabia e incertidumbre.-¡No te decepcionaré!

CONTINUARÁ

Muchas gracias por tu lectura ^^
Si te ha gustado, ahora solo tienes que esperar con ansias el CAPÍTULO II ¡y espero que así sea!



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Re: EL FIN DEL ORIGEN - 1ª ENTREGA

Mensaje por Avaan el Miér Mar 14, 2012 10:16 pm

Bonita Historia! Yay! :3

Me ha encantado, encontrará las naves fácilmente? y lo más importante se lograrán salvar!?

Lo dicho si leo la primera letra lo tengo que leer todo... es una manía que tengo >.< Haber si me animo y subo alguna novela.



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Re: EL FIN DEL ORIGEN - 1ª ENTREGA

Mensaje por AlanzerDNA el Miér Mar 14, 2012 10:57 pm

Así me gusta Avaan!
Me alegra mucho que alguien se digne a comentar después de leer la historia, muchas gracias por dar tu opinión ^^
Esto me da fuerzas y ánimo para continuar trabajando en el Capítulo II y añadirle más material al prólogo... el Capítulo III ya lo tengo entero en mi mente, y ya tengo la idea principal para el IV. Esto va a ser largo, fantástico e interesante, no les defraudaré!



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Re: EL FIN DEL ORIGEN - 1ª ENTREGA

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